...Un día Damiana ató su corazón al un globo de oro y helio y cuando
llegó a las más pintorescas nubes del cielo, precisamente en un atardecer de
verano, las nubes se hicieron agua, humedecieron su piel y entonces ella no
pudo saber si es que las nubes dejaron de ser un algodón puro y silencioso,
para convertirse en las lágrimas de alegría que sus ojos derramaron por la
emoción de soñar y cumplir lo inalcanzable...
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