P(o)etiza tenía en
su dedo una pequeña deformación por apretar mucho el esfero, y en su mano
entera el dolor cotidiano por estar escribe y escribe. De cansancio se quedó dormida
con los papeles tirados por el suelo, con frases descoordinadas, sin musicalidad
ni esencia. La despertó un toc-toc en la puerta, despeinada abrió, era una ilusión,
mejor dicho un ilusiono, uno de sus personajes idealizados venía a reclamar justicia:
No soy el que describes, que sí eres, que no, que sí. Además, no pones tildes
ni comas, no quiero ser el personaje de una escritora imperfecta, que no soy
tan imperfecta, que sí. Y para evitar que él encontrara sus frases sin musicalidad
ni esencia, corrió para recogerlas pero resbaló con las comas y cayó de cabeza esparciendo
las tildes por doquier. Él, decepcionado por el desorden se marchó.
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