miércoles, 22 de abril de 2020
Trigésimo séptimo día
Sin estos vaivenes no sería yo. La meditación guiada por mi hermana Nadya me iluminó, pude sentir su voz tan linda, tan fuerte, tan sincera, que me liberó unos llantos ahogados, unos dolores y también risas, vi colores infinitos con los ojos cerrados, como cuando Xocé me hace el tratamiento con los cuencos y los cristales. Hay mucho todavía por hacer, muchos sentimientos por liberar. En la mañana releí en la clase virtual con mi estudiante de español una carta de Van Gogh a su hermano Theo, inmediatamente pensé en el Tomás y la alegría de dibujar y pintar que compartimos desde muy pollitos cuando íbamos patinando a bocetear en los arrayanes. El día pasó así, con la Sofía vestida color girasol, con la primavera trayendo esperanza, con el amor queriendo vencer al miedo.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
Un corazón roto puede amar, un corazón cerrado, no.
-
Hoy en la kermesse de la escuela estuve ayudando en el stand de maquillaje, como sería mi primera vez maquillando me había entrenado unas se...
-
En un mundo sordo y mudo: ¡cantar!
-
Escuchábamos un cuento infantil sobre un personaje que busca la felicidad, le pregunto a la Sofi qué necesita ella para hallar la felicida...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias