Vanessa Padilla. Cantariega
-Ya te dije que no me importa.
-No entiendo de qué hablas.
-De ti.
Es tan fina la línea que separa al maniaco-depresivo del monstruo, como la que separa a la resiliente de la resignada.
Un corazón roto puede amar, un corazón cerrado, no.
Debería estar cantando y no sobreviviendo.
-¿Te parezco grosero? entonces soy grosero y no voy a cambiar ¿de acuerdo?
-No, no estoy de acuerdo.
La palabra "locura" tuvo una connotación poética, pero la vida me enseña ahora que creer que la locura es poesía, es una locura.
En un mundo sordo y mudo: ¡cantar!
-Ya te dije que no me importa. -No entiendo de qué hablas. -De ti.