Presencia efímera, ahora latente, se convierte en mi arena movediza. Me sumerge en la indecisión de partir o arraigarme: volar sin alas o plantarme sin raíz.
(ahora)
Están mis alas listas, Duino, ya voy.
Es tan fina la línea que separa al maniaco-depresivo del monstruo, como la que separa a la resiliente de la resignada.
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