Me ordeno no soñarle,
desobediente como soy...
Antes: Soñarle y contarle
y una semana más tarde
nuevamente y así.
No quiero soñarle,
desobediente como soy...
Le sueño sólo a veces
y eso sí: nada le cuento.
Es tan fina la línea que separa al maniaco-depresivo del monstruo, como la que separa a la resiliente de la resignada.
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