viernes, 10 de junio de 2011

Me rehuso, y en esto soy irreductible, a confiar en alguien cuyos ojos no brillan, cuyos labios no sonríen, cuya alma no siente, cuyas palabras no tienen aliento y cuyas frases son sólo paja.

1 comentario:

Gracias

  Es tan fina la línea que separa al maniaco-depresivo del monstruo, como la que separa a la resiliente de la resignada.