En los apuntes de nuevas historias me reencuentro con los personajes que me acompañaron en cada letra desde hace tal vez 23 años cuando mi papi reciclaba las portadas de las agendas de los años anteriores y les ponía papel blanco, reciclado también, para que mi hermana, mi mami y yo tengamos cuadernos nuevos de lujo. Me encantaba dibujar ahí y escribir ideas, poemas que encontraba en los libros de la Marle, ella leía tanto, yo leía con ella también, un día decidí escribir un libro en estos papeles blancos reciclados en agendas recicladas, 8 años tenía cuando eso pasó, creo, y mi libro era sobre la ciudad, yo no hablaba de imaginarios porque esa palabra la aprendí más tarde, pero eran mis imaginarios de Quito los que ponía en esas hojas con mi letra manuscrita y tinta azul, ¿adónde habrán ido a parar mis apuntes? eso no se sabe, pero la inspiración de escribir un libro nació de mi papi impresor y me mi mami lectora y de mi hermana que me regalaba libros cuando tenía bonos en las librerías de su universidad.
Entonces con los años apareció el Señor cantor, Damiana, Ella (o sea yo), mi adicción al café, mi percepción de distancia, de presencia, mis pasiones.
Ahora hay una pluma nueva, nuevos personajes que se llevan bien con los que no pueden faltarme, y vienen las letras, los lugares, los viajes, el agua.
Parecen venir a las 3:30 en la mañana, no me dejan dormir y sólo hasta hoy entendí que me están dictando las nuevas frases, dejaré de ser necia, dejaré de insistir en recobrar el sueño sin escribir esas frases que vienen a mi papel blanco y mi tinta azul.
En este país donde el mejor jugador de Rayuela ha escrito cartas, debo, quiero, debo: escribir.
Y pintar. Y cantar.
lunes, 3 de marzo de 2014
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