...Por fin pude llegar hasta el café que se mezclaba sin un orden, lo bebí a tragos cortos para que parezca que la taza contiene más de lo que puede, pero era sólo una ilusión que uso cuando quiero más de lo que puedo darme. Mi lengua se quemó tanto en el primer trago, que durante un buen rato no pude articular ningún sonido aparte de los gemidos que apenas atravesaban el umbral absoluto de intensidad...
sábado, 19 de septiembre de 2009
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