sino asumir que lo no correcto es lo correcto.
Que las vanidades pueden más que la eficiencia.
Que el ego ocupa el espacio del alma.
Que no puedo hacerlo más mejor.
Cuando quiero hacerlo más mejor.
Y si quiero puedo.
Yo siempre he sido así.
Es tan fina la línea que separa al maniaco-depresivo del monstruo, como la que separa a la resiliente de la resignada.
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