jueves, 27 de octubre de 2011

Los grandes maestros nunca mueren, sólo cambian de traje, y de la manera más amorosa le rindo un homenaje sensible al maestro Hugo Chiliquinga, luz y progreso para su corazón.

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Gracias

  Es tan fina la línea que separa al maniaco-depresivo del monstruo, como la que separa a la resiliente de la resignada.